Etimología de chinola


Etimología de chinola

Raúl Guerrero

Maracuyá, passiflora edulis, fruta de amplia propagación en zonas tropicales de América, se origina en una franja entre Brasil y Paraguay. Maracuyá significa criadero de moscas en el idioma guaraní. Los incas la denominaban tumbo, bolsa acida. En efecto, se dice que antes de llegar el limón—junto a la cruz, la gramática y el sarampión—en el Perú se maceró el cebiche con maracuyá.

En inglés la conocen como fruta de la pasión, nombre sugerente de propiedades afrodisiacas. Pero la pasión de la fruta no puede distar más de la libido. Misioneros jesuitas acuñaron el nombre al observar similitudes entre la estructura de la flor y la corona de espinas y otros símbolos de la Pasión de Cristo. Cabe destacar que pasión nació con la acepción de sufrimiento, cuyo rezago lo podemos atestiguar en compasión, solidarizarse con el dolor ajeno.

Mi esposa, dominicana, apuntó que el nombre popular correcto era chinola. Todos los dominicanos saben que es una chinola más no su etimología, propiciando esta crónica digresiva. El punto de partida fue Google. Arrojó cientos de entradas. Un principio auspicioso, pensé, aunque días después de iniciada la investigación nos encontramos exactamente donde comenzamos. Todas las entradas desembocaban en una descripción: fruta de enredadera, familia de la granadilla, cáscara gruesa color amarillo o morado, muy aromática, y de sabor dulce tirando a ácido. Ni una palabra de la etimología.   

En materia de lenguaje, el Diccionario de la Real Academia Española es la autoridad. El primer diccionario, editado en 1780, no contiene la palabra chinola. Tampoco Tesoro de la lengua castellana o española, el diccionario de Covarrubias de 1611. Antonio Nebrija ya incluye en Vocabulario español/latino de 1495 el vocablo taino canoa, pero no chinola. El 2014 salió a la luz la última edición del Diccionario de la Real Academia, un mamotreto de 2400 páginas. Lista dos acepciones de chinola, ambas coloquialismos hondureños. 1. Betún. 2. Persona de piel oscura.

No quedaba otra que acudir a la Academia Dominicana de la Lengua. Envié el siguiente correo electrónico: “¿Podrían informarme sobre la etimología de chinola?  Entiendo que es sinónimo de maracuyá, pero no he logrado encontrar ni el significado ni el origen de la palabra.”

Antes me empapé de las peculiaridades del español dominicano. Me enteré de la influencia del español de Sevilla, como explicara Pedro Enríquez Ureña, que una vez afincado en La Española, se propagó al resto del Caribe y áreas costaneras del Nuevo Mundo. Me enteré de la influencia africana que pervive en las palabras cachimbo, guineo, el temido fucú, símbolo de la mala suerte, o fo, interjección de asco, traída por los efik de Nigeria, excremento. La influencia de las ocupaciones militares americanas quedó plasmada en pariguayo, tontón que en vez de entrar al baile se limita a mirar, party watcher, o fullín, trasero, alusión a las voluptuosas asentaderas de dominicanas que llenaban el pantalón, full-jean. Y, claro, el legado del arahuaco, idioma de los tainos, evidente en las palabras barbacoa, tabaco, bohío, hamaca, tiburón, y ese embrujo maligno del mar que es el huracán.   

La respuesta de los académicos no llegaba. ¿Qué iba a hacer? Me puse a inventar con la morfología. Pensé, si en Puerto Rico la chinola, fruta tamaño de una pelota de tenis, es parchita, en contraste con parcha, fruta tamaño de un balón de fútbol, ¿era chinola—la variedad dominicana amarilla—una alusión a la naranja? Naranja, injerto de pomelo y mandarina, originaria del sureste de Asia, deriva del sanscrito naranga, árbol de naranja. Aunque el limón existió por siglos en el Mediterráneo, la naranja dulce se propagó por Europa apenas en el siglo 15. Colón la trajo al Nuevo Mundo en su segundo viaje.

¿Acaso algún tigerazo (dominicanismo que denota tipo astuto, de pensamiento rápido, derivado de tigre) vio en la fruta de la pasión una naranja pequeña, y recurrió al sufijo diminutivo uela para bautizarla naranjuela? Como en la República Dominicana la naranja no es naranja sino china, naranjuela cedió a chinuela. La contracción de vocales en diptongos es tan antigua en el español como sus orígenes mismos, así puertorriqueño se convierte en portorriqueño. Es de suponer que aquel tigerazo no habrá reparado en aspectos morfológicos, más bien, por el poder que ejercen los pueblos sobre su idioma, un poder que ninguna academia ni gobierno ha podido ni podrá restringir, por su voluntad soberna, chinuela terminó chinola.

Y, al cabo de una semana, la Academia Dominicana avaló la hipótesis descalabrada: “Aunque no es concluyente, se cree que el origen de chinola puedes estar en alguna derivación de china.”

Raúl Guerrero, novelista y ensayista, es el autor de Crónica del corazón, una guía para la salud cardiaca, y la novela Women Loved Dr. Böll. Es director académico del Downtown Arts + Science Salon en Miami. 


Women Loved Dr. Böll 


Women Loved Dr. Böll is a wonderfully written satire set in Downtown Miami… It explores the zaniness and insanity Miamians love and endure.” The Huffington Post.

Raúl Guerrero recreates the exuberance and chaos of Miami in unsettling intimacy, while probing the ambivalence of love, sex, betrayal, relocation, greed, art and language.

Raúl Guerrero authored numerous works of fiction and non-fiction, notably Crónica del corazón, a mini encyclopedia for the heart

He writes about language and culture for publications worldwide.


Comments