Cronica del CORAZON

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Raul Guerrero

Cada 37 segundos alguien sufre un infarto. Muchos ni saben que tienen complicaciones cardiovasculares porque los factores de riesgo como la diabetes tipo 2 en estado incipiente o el nivel alto del colesterol son asintomáticos. Los síntomas se manifiestan cuando es demasiado tarde. De ahí que los expertos en salud pública han acuñado la expresión: El asesino silencioso.

Una mañana desperté con un malestar en el hombro izquierdo. Lo descarté, claro, tenía tanto que hacer, el plazo de un artículo se vencía a las tres de la tarde. Lo último que necesitaba era enfermarme. Me dirigí a la biblioteca de la universidad. Fue allí que una puñalada en el pecho me dejó sin aliento y me desplomé.

Fue un dolor muy intenso, pero no duró mucho, menos de un minuto. Una señora me ayudó a levantar. “Está muy pálido, ¿le pido una ambulancia?” Buscó una silla. “No es nada,” le agradecí, “solo un mareo.”

Para ciertas cosas el hombre nunca deja de ser niño. La diferencia es que de cara al miedo el niño llama a la mamá y el hombre a la esposa. En vez de llamar al 911, el número de emergencia, llamé a mi mujer. Por fortuna las mujeres tienen el sentido común mucho más desarrollado, y mi esposa saltó al auto. En unos minutos nos encaminábamos al hospital. En la sala de emergencias determinaron que había sufrido un infarto.

La rebelión del cuerpo

Me llevaron a la sala de cuidados intensivos. Terminados los exámenes, las mil preguntas de rigor, corrieron la cortina que me separaba de otros pacientes. Quedé solo. Una docena de tubos y alambres me conectaban a monitores y aparatos que dispensaban oxígeno, suero y quién sabe qué fármacos. Por sobre el cortinaje se filtraban los murmullos electrónicos monótonos de la medicina moderna, los lamentos de familiares ante lo irreparable, algún grito de dolor, pasos apurados, el tufo a desinfectante, excremento y sangre, el tufo inconfundible de la muerte en asecho.

Confrontar la muerte obliga a ser sincero con uno mismo. Es lo único que cuenta con respecto a la salud. La verdad es que no he respetado al cuerpo. He sido fumador, he bebido demasiado, nunca me detuve a considerar cuantas calorías o la sal que ingería. Hasta me burlaba de la gente que eestudia cuidadosamente las etiquetas, calculando los miligramos de azúcar y colesterol. Acepté que había abusado del cuerpo. El peligro de abusar del cuerpo es que cualquier rato se rebela. La rebelión del cuerpo no respeta edad, ocupación o cuenta bancaria. La rebelión del cuerpo no respeta lugar u hora. No importa que uno tenga plazos, asuntos impostergables, negocios millonarios o citas amorosas. La rebelión del cuerpo arrasa con todos los planes.

Aquella mañana descarté el malestar previo al infarto. Solo me importaba que el editor tuviera el artículo en su escritorio antes de las tres de la tarde, y había hecho una reservación para cenar. Entonces sucedió lo que sucedió. Terminé en el suelo. Esa es la definición primordial de la humillación: regresarle al hombre los pies a la tierra y reconectarle con su naturaleza humana, con la inevitable mortalidad. Humano y humillación derivan del latín humus, tierra, lodo.

El miedo a la muerte me condujo a la pregunta: ¿Me arrepentía de haber vivido como lo había hecho? No me arrepentí. El arrepentimiento no cambia nada. Para sobreponerse a las enfermedades hay que echar la palabra arrepentimiento a la basura. El arrepentimiento es una palabra inútil. La palabra arrepentimiento hay que sustituirla por enmendar. El diccionario de la Real Academia define enmendar: 1. Arreglar, quitar defectos 2. Subsanar los daños. 3. Variar el rumbo según las necesidades. Es decir, enmendar es cambiar de manera positiva.

El cardiólogo del turno definió enmendar en estas palabras:

—Usted tiene que hacer los siguientes cambios en su vida: dejar de fumar, hacer ejercicio, seguir una dieta apropiada para bajar el nivel del colesterol malo y subir el colesterol bueno y tomar medidas para bajar el azúcar de la sangre. Por ahora le han inyectado insulina.

Mi primera reacción fue instintiva. Era demasiado grande para que me dijeran lo que tenía o no tenía que hacer. Pregunté:

—¿Qué pasa si no lo hago?

—Se muere –respondió.

No atiné hacer otra cosa que alzando los ojos balbucear:

—¿Cuándo comienzo?

—Este instante. Los cambios comienzan con la actitud.

Unas horas antes, en la Sala de Emergencia, una señora a quien acababan de extirparle un seno, mirando el cielo por una ventanilla, me regaló una perla de sabiduría popular: "Dios, dame la fuerza para cambiar lo que puedo cambiar, y un traguito para aguantar lo que no puedo cambiar." La señora, colombiana, se medio tornó hacia mí:

—¿Le gusta el aguardiente?

El corazón de la mujer

Recobrar la salud en gran medida lo debo a mi esposa. Ella se plantó como comandante en jefe en la guerra contra mi enfermedad cardiovascular, y estoy vivo por ella. Y allí yace la paradoja. La misma mujer capaz de librar una guerra tan formidable en defensa del marido, de los hijos, de la comunidad, a menudo es negligente con su propia salud. En castellano tenemos una palabra que define a la mujer perfectamente. Abnegación: poner a otros antes que a ella mismo. Traducido a la salud significa que la mujer se ha convertido en la victima principal de las enfermedades cardiovasculares.

Mientras la mujer está dentro del ciclo reproductivo, hay hormonas que la protegen, es la manera como la naturaleza garantiza la continuidad de la especie. Pero una vez que alcanza la menopausia, las enfermedades cardiovasculares la atacan de manera virulenta. Y un dato alarmante: La mujer hispana desarrolla afecciones cardiacas diez años antes que en otros grupos étnicos.

La buena noticia

Las enfermedades del corazón son prevenibles. En Crónica del CORAZÓN recuento la enfermedad cardiovascular que desató múltiples infartos con el fin ayudar a entender mejor el corazón. Y en colaboración con el Dr. Mauro Moscucci, mi cardiólogo, añado un módulo enciclopédico que cubre las distintas enfermedades, los procedimientos de diagnóstico y tratamiento y, más importante, las estrategias de prevención científicamente comprobadas.

Cabe recalcar que el Dr. Mauro Moscucci es uno de los cardiólogos más destacado del país. Ha escrito varios textos de cirugía para programas avanzados de cardiología. Ha sido profesor de en la universidad de Michigan y Director de Cardiología de la Universidad de Miami. En la actualidad es Director del Instituto Cardiovascular del Hospital Sinaí en Baltimore, Maryland.

Comenta el Dr. Moscucci: “Los avances científicos y tecnológicos nos permiten tratar afecciones que hace poco ni siquiera entendíamos. La medicina ha revolucionado en materia de diagnóstico, cirugía y farmacología. Pero lo más importante, algo que enfatizo a mis pacientes y estudiantes, es la prevención. Formular estrategias que permitan tener un estilo de vida saludable y sostenible. El propósito de Crónica del CORAZÓN es encontrar soluciones realizables para toda la familia y a plazo largo.”

El mejor regalo es la salud. Este libro le puede cambiar la vida a un ser querido, a un amigo, a usted mismo. Regale salud.



Paciente y cardiólogo: Ua colaboración única 

El escritor Raúl Guerrero recuenta la enfermedad cardiovascular que desató múltiples infartos. Utiliza la experiencia vivida en carne propia como herramienta pedagógica. Y, en colaboración con el Dr. Mauro Moscucci, su cardiólogo, añade un módulo enciclopédico que cubre los factores de riesgo, las distintas enfermedades y procedimientos de diagnóstico, tratamientos y medicamentos. Incluye asimismo estrategias que ayudarán al lector a encarrilarse a un estilo de vida conducente a la prevención, control, incluso a revertir las enfermedades cardiacas. 

Sobre los autores

 

El Dr. Mauro Moscucci (derecha) ha sido profesor en la universidad de Michigan y Director de Cardiología de la Universidad de Miami. En la actualidad es Director del Instituto Cardiovascular del Hospital Sinaí en Baltimore, Maryland.

 Raúl Guerrero es novelista y periodista especializado en ciencias y cultura. Es autor de las novelas INSOLENCE, Murder and the Dog y Cronista libertina. Ha colaborado con periódicos, revistas y enciclopedias de Europa, América Latina y Estados Unidos


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